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Un barco abandonado de 107 metros se soltó por la crecida y quedó a la deriva en el Paraná

El buque Uros-Z fue arrastrado por la corriente en Corrientes y terminó varado frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros. Advierten sobre los riesgos para la navegación y piden la intervención de Prefectura.

El Uros-Z, un buque abandonado de 107 metros de eslora, volvió a quedar a la deriva en el río Paraná** luego de que la creciente provocara que se soltara de sus amarras en Corrientes. La embarcación fue registrada en video por personas que circulaban en lancha mientras era arrastrada por la corriente.

Según la información difundida, el barco se desplazó cerca de dos kilómetros antes de quedar varado frente a los barrios Quilmes y Los Astilleros. Otros reportes indicaron que también fue avistado aguas abajo de la capital correntina, en inmediaciones de la Bajada de Araña.

La situación genera preocupación por los posibles riesgos para la navegación, debido a las dimensiones de la embarcación y a que permanece sin tripulación ni capacidad de control propio. Además, su desplazamiento podría representar un peligro para otras embarcaciones y las estructuras ubicadas río abajo.

En este contexto, el ambientalista Luis Martínez advirtió sobre los riesgos que representa el buque y pidió la intervención de las autoridades para evitar posibles incidentes.

A través de una publicación, Martínez señaló que el Uros-Z constituye un riesgo para la navegación y para las estructuras ubicadas aguas abajo. En ese sentido, remarcó la importancia de que Prefectura Naval Argentina intervenga para asegurar la embarcación y prevenir accidentes o daños.

Un buque abandonado desde hace décadas

El Uros-Z comenzó a construirse durante la década de 1990 con el objetivo de transportar productos químicos. Sin embargo, la obra nunca se completó debido a la quiebra de la empresa que había encargado su construcción.

Desde entonces, la embarcación permanece abandonada en el Astillero Corrientes. No es la primera vez que se suelta de sus amarras: en 2018 ya había quedado a la deriva, en un episodio que vuelve a generar preocupación ante la actual crecida del Paraná.

A las dimensiones del buque se suma la falta de señalización, una condición que podría dificultar su identificación por parte de quienes navegan por la zona, especialmente pescadores y otras embarcaciones.

Mientras continúa la preocupación por su desplazamiento, el principal reclamo apunta a que las autoridades competentes aseguren el barco para reducir los riesgos y evitar posibles accidentes en el río.

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