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El Gobierno dejó al reactor Carem abandonado mientras anuncia una inversión privada

El reactor CAREM, el primer prototipo de reactor pequeño íntegramente argentino con capacidad para abastecer de energía eléctrica a una ciudad entera, se encuentra en un estado de abandono que los propios técnicos y científicos califican como “un crimen a cielo abierto”. Mientras la obra civil y el equipamiento se deterioran por falta de mantenimiento, el Gobierno nacional anuncia una millonaria inversión privada de la empresa Meitner Energy, de capitales iraníes radicados en Estados Unidos, que ya instaló oficinas en Bariloche y en la Ciudad de Buenos Aires.

El proyecto, que demandó una inversión estatal de 690 millones de dólares y el trabajo de técnicos y científicos formados durante décadas, estaba completado en un 80 por ciento de la obra civil y un 65 por ciento de la obra total cuando Javier Milei asumió la presidencia. Los principales insumos ya estaban comprados y la puesta en marcha estaba prevista para 2028. Hoy, sin embargo, el abandono es total.

Varios metros de agua se acumulan en el cilindro central de acero que contiene al reactor. Los subsuelos se inundan y no hay bombas de achique presupuestadas. Alrededor, los pastizales ganan terreno con el pago a las empresas tercerizadas cortado. A la izquierda, el edificio principal que debería atesorar la turbina —la pieza más cara del proyecto— hoy está tapada apenas por una lona y también se inunda. Otros componentes ya comprados esperan en los galpones del predio de Lima, Zárate, pero la mayoría de los técnicos encargados de su conservación fueron despedidos.

“El edificio del reactor, donde está su núcleo y el recipiente de presión, llegó a tener más de 20 metros cúbicos de agua. Ahí hoy está oxidándose el liner de contención. El edificio que está al lado, que aloja la turbina y el turbo grupo, tuvo 7 metros de agua. Alrededor es un yuyal”, describió Rodolfo Kempf, que trabaja en el Centro Atómico Constituyentes en combustibles nucleares y cuyo grupo estuvo a cargo del desarrollo tecnológico del combustible del reactor.

Las visitas y el hackeo

Un documento interno aprobado por la Presidencia de la Comisión Nacional de Energía Atómica, al que accedió Página/12, da vía libre a toda “visita que guarde vinculación con la elaboración potencial de una Iniciativa Privada, cualquiera sea el origen, nacionalidad o naturaleza jurídica del Interesado”. La orden aclara que ese interesado puede ser “cualquier persona humana o jurídica, nacional o extranjera” y que pueden “requerir información, documentación, antecedentes o autorización para visitar un emplazamiento, predio, instalación, inmueble o activo que se encuentre bajo la órbita de la CNEA”.

La comunicación, que llegó por sistema GDE el 8 de mayo, detalla qué se entiende por activo: “Todo bien, recurso, derecho, instalación, infraestructura, equipamiento, sistema, material, yacimiento, complejo, planta, documentación técnica asociada, antecedente operativo, capacidad institucional o elemento patrimonial, material o inmaterial”. Carolina Ayala, que trabaja en el laboratorio de residuos nucleares del Centro Atómico Bariloche, lo resume con crudeza: “Es como que abren una feria para que vengan a ver qué les gusta y llevárselo de oferta. Incluso no queda claro el límite en las áreas sensibles y reservadas, que en estos proyectos son muchas. Nos están diciendo que estamos de remate”.

Otra investigadora de la CNEA que pidió reserva de identidad mencionó una recorrida particular al Centro Atómico Ezeiza, en instalaciones vinculadas a mecanismos de control del ciclo del combustible nuclear, un sector “de alto nivel de confidencialidad”. “Ahí entró un grupo de gente de la empresa Meitner, como pancho por su casa. Los gerentes les dijeron: sí, pase, por favor. En la misma semana de esa visita, la subgerenta de Diseño Nuclear y Mecánico se fue a trabajar a Meitner. Ya antes se había ido el subgerente anterior, con su respectiva gente. Es muy impune todo”, lamentó.

La científica repasó otros pases que conoce: el jefe de Procesos, el de Electricidad; cada uno “se llevó” a Meitner su grupo de ingenieros de confianza. “Todos con al menos 10 años de experiencia y con sueldos muy bajos para su calificación, que pasaron a cobrar entre 5 y 10 veces más”, explicó, y analizó esa fuga como una consecuencia buscada del doble movimiento de ahogo salarial por un lado y entrega por el otro.

A este cuadro se suma un extraño hackeo masivo que sufrió toda la CNEA en diciembre último. “Nunca vimos algo igual, fue un apagón masivo, tardaron dos meses en volver todos los sistemas. Toda la información confidencial del Carem y otros proyectos quedó expuesta. No se perdió nada, pero alguien que entra y sabe lo que está buscando se puede llevar muchísimas soluciones de ingeniería que lleva años desarrollar”, explican los técnicos.

Fuga de cerebros y custodias

De los 61 últimos despidos que sufrió la CNEA, 35 eran trabajadores abocados al Carem, en particular a áreas de conservación. Hoy los científicos, ingenieros y técnicos de todas las sedes son “custodiados” por Gendarmería, que antes tenía presencia como centinela de objetivos estratégicos para la soberanía nacional y ahora se encarga de vigilar y firmar a sus trabajadores, dispersarlos si hay reuniones y, llegado el caso, reprimirlos si se manifiestan contra los despidos.

“Manipulo material radiactivo, tengo dos personas a cargo y cobro menos de un millón de pesos. Si me quedo es porque amo y defiendo lo que hago, y porque no me quiero ir del país”, resumió Ayala. En su laboratorio eran diecisiete investigadores y hoy quedan cuatro.

La situación del Carem es apenas un botón de muestra del modo en que el gobierno de Javier Milei tiene decidido truncar el desarrollo atómico argentino. Con variantes, la situación se replica en otros proyectos insignia como el reactor multipropósito RA10 y el Complejo Tecnológico Pilcaniyeu, la planta de enriquecimiento de uranio que funciona a 60 kilómetros de San Carlos de Bariloche. Así, la Argentina se baja del lugar ganado entre los 8 países del mundo que pueden completar el ciclo del uranio, desde su extracción hasta su enriquecimiento.

“Se renuncia a una carrera tecnológica donde la Argentina se ubicaba por delante de varios competidores internacionales y en la que actualmente participan más de un centenar de proyectos, en recursos clave de este contexto geopolítico”, sintetizó la física y diputada por Río Negro Adriana Serquis, que presidió la CNEA entre 2021 y 2024.

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