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“En la Iglesia hay y debe haber sitio para todos”

León XIV reflexionó este miércoles durante la Audiencia General sobre la naturaleza de la Iglesia y subrayó que “no puede nunca estar replegada en sí misma”, sino que debe estar “abierta a todos”.

“En la Iglesia hay y debe haber sitio para todos, y que cada cristiano está llamado a anunciar el Evangelio y a dar testimonio en todos los ambientes en los que vive y obra”, explicó el Pontífice desde la Plaza de San Pedro ante cientos de peregrinos. Sus palabras se dieron tras constatar que aunque forman parte de la Iglesia quienes creen en Cristo, el Concilio Vaticano II recuerda “que todos los seres humanos están llamados a formar parte del nuevo Pueblo de Dios”.

Durante la catequesis, el Papa continuó su ciclo de reflexiones dedicadas a la Constitución dogmática Lumen gentium, y se detuvo en el segundo capítulo del documento, dedicado al Pueblo de Dios, una de las nociones centrales de la eclesiología. “La Iglesia es una, pero incluye a todos”, afirmó.

El Papa citó al cardenal Henri de Lubac, uno de los teólogos más influyentes del siglo XX y figura clave del Concilio Vaticano II, para describir a la Iglesia como “arca única de la Salvación”, que “debe acoger en su amplia nave todas las diversidades humanas”.

Por ello señaló que el pueblo de Dios “muestra su catolicidad, acogiendo las riquezas y los recursos de las diversas culturas” y, al mismo tiempo, “ofreciéndoles la novedad del Evangelio para purificarlas y elevarlas”.

En este sentido, León XIV afirmó que la Iglesia es un pueblo en el que “conviven”, bajo la fuerza de la fe, “mujeres y hombres de distinta nacionalidad, lengua o cultura”. Por ello, la presentó como “un signo puesto en el corazón mismo de la humanidad, llamada y profecía de esa unidad y de esa paz a la que Dios Padre llama a todos sus hijos”.

Cada cristiano, subrayó el Pontífice, está llamado a anunciar el Evangelio y a dar testimonio en los ambientes en los que vive y trabaja. “Incluso quienes todavía no han recibido el Evangelio están, de algún modo, orientados hacia el Pueblo de Dios”, aseguró.

Durante la catequesis, León XIV destacó que la historia del antiguo pueblo de Israel constituye una preparación para la nueva alianza que Dios realiza en Jesucristo. Citando el texto conciliar Lumen Gentium, el Papa recordó que “todo esto sucedió como preparación y figura de la alianza nueva y perfecta que había de pactarse en Cristo”.

Según explicó, es Cristo quien, mediante el don de su Cuerpo y de su Sangre, reúne definitivamente a este pueblo, formado ya por hombres y mujeres de todas las naciones. “Este está unificado por la fe en Él, por la adhesión a Él y por vivir su misma vida animados por el Espíritu del Resucitado”, afirmó.

De este modo, continuó, nace la Iglesia, entendida como el Pueblo de Dios que encuentra su propia existencia en el cuerpo de Cristo y que, al mismo tiempo, es el mismo cuerpo de Cristo. “No es un pueblo como los demás”, subrayó, sino una comunidad convocada por Dios y compuesta por personas de todos los pueblos de la Tierra.

Su unidad, añadió, “no se basa en una lengua, una cultura o una etnia, sino en la fe en Cristo”. En palabras del Concilio, recordó el Papa, la Iglesia es “una congregación de quienes, creyendo, ven en Jesús al autor de la salvación y el principio de la unidad y de la paz”.

El Pontífice explicó también que la Iglesia es “un pueblo mesiánico”, porque tiene como cabeza a Cristo, el Mesías. “Antes de cualquier tarea o función, lo que cuenta realmente en la Iglesia es estar injertados en Cristo”, afirmó. Este es, según explicó, el único “título honorífico” que deberían buscar los cristianos: vivir como hijos del Padre y como hermanos entre sí.

En consecuencia, aseveró que la ley fundamental que debe regir las relaciones dentro de la Iglesia es el “amor”, tal como se recibe y se experimenta en Cristo.

El Pontífice concluyó su catequesis destacando el valor profético de la Iglesia en el mundo contemporáneo. “La Iglesia es un gran signo de esperanza —sobre todo en nuestros días, atravesados por tantos conflictos y guerras— saber que la Iglesia es un pueblo en el que conviven, en la fuerza de la fe, mujeres y hombres de distinta nacionalidad, lengua o cultura”, destacó.

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