
El ministro de Economía, Luis Caputo, generó un nuevo debate al revelar en una entrevista que nunca compró indumentaria en el mercado local por considerar sus precios un “robo”, y defendió la apertura de importaciones pese a la crisis que atraviesa el sector textil.
“El sector textil es también un caso emblemático de un sector que ha sido protegido durante muchísimos años, con el cuento de que hay 150.000 familias que trabajan en esto. Pero hay 47 millones de argentinos que han tenido que pagar textiles y calzado dos, tres, cuatro o hasta diez veces lo que valen en el mundo”, argumentó Caputo en diálogo con Radio Mitre.
El ministro fue contundente: “Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo. Entonces, los que teníamos posibilidad de viajar comprábamos afuera”. Calificó al proteccionismo como “una medida zonza y que perjudica a los que menos tienen”.
Caputo reconoció conocer “a la mayoría” de los dueños de las empresas textiles, a quienes definió como “excelente gente”, pero cuestionó el beneficio real de la protección. “Si vos pagás cinco dólares una remera en vez de 50, ahora tenés 45 dólares para gastar en otra cosa. Entonces, irás a comer afuera, te tomarás un helado y esos recursos se destinarán a otras industrias”, ejemplificó.
Horas más tarde, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, reforzó el mensaje en LN+: “Vos comprás un jean acá y te cuesta —pongamos números hipotéticos— USD 100, mientras que importarlo cuesta USD 25. Lo importás, explicame dónde se pierde el puesto de trabajo”.
Las declaraciones generaron malestar en un sector que atraviesa una profunda recesión. Según datos de la Fundación Pro Tejer basados en el Indec, la producción textil cayó un 36,7% interanual en noviembre de 2025 y un 47,6% frente a noviembre de 2023. La utilización de la capacidad instalada del sector se ubicó en un crítico 29,2%, lo que implica que 7 de cada 10 máquinas están paradas.
Desde la industria argumentan que los altos precios se deben a una carga impositiva que representa alrededor del 50% del valor final de una prenda, sumado a los altos costos de alquileres comerciales, logística y financieros. En las últimas semanas se han conocido cierres, despidos y reducciones de producción en firmas como Emilio Alal, Grupo Dass y Eseka S.A.
Caputo concluyó afirmando que la política económica “viene a defender a los 47 millones y medio de argentinos”, y que el trabajador textil “no es que no pueda hacer otra cosa”. “Nosotros tenemos que generar trabajo y, como digo siempre, generar mayor competencia para que haya mejores productos a mejores precios”, aseguró.




