
El subtipo H3N2 del virus de la influenza A continúa siendo una de las cepas de gripe estacional más relevantes a nivel global y local, según informes de los sistemas de vigilancia epidemiológica. Este virus, que surgió a partir de una variación genética del H2N2, se caracteriza por provocar síntomas respiratorios que pueden prolongarse.
El cuadro clínico típico incluye fiebre alta (generalmente superior a 38°C), tos seca y persistente que puede extenderse por dos o tres semanas, dolor de garganta, dolores musculares, fatiga intensa, cefalea y congestión nasal.
Si bien la mayoría de los casos se resuelven en un plazo de cinco a siete días sin complicaciones, ciertos grupos presentan mayor riesgo de desarrollar formas graves. Entre ellos se encuentran adultos mayores de 65 años, niños menores de 5 años, mujeres embarazadas (especialmente en el segundo y tercer trimestre) y personas con afecciones crónicas preexistentes como enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes o trastornos inmunológicos. Las complicaciones pueden incluir neumonía bacteriana, infecciones de oído o senos paranasales y descompensación de enfermedades de base.
El diagnóstico específico se realiza mediante pruebas de laboratorio, como la RT-PCR (reacción en cadena de la polimerasa con transcripción inversa), considerada el método de referencia, o pruebas rápidas de detección de antígenos. El tratamiento se basa en medicamentos antivirales como el oseltamivir, que son más efectivos si se inician dentro de las primeras 48 horas del inicio de los síntomas, junto con medidas de soporte como reposo, hidratación y manejo de la fiebre.
La principal herramienta de prevención es la vacunación anual contra la influenza, que se actualiza cada temporada para incluir las cepas circulantes más probables, entre las que suele estar el H3N2. Además, se recomiendan medidas de higiene como el lavado frecuente de manos, el uso de barbijo en ambientes concurridos o cerrados, cubrirse al toser o estornudar y la desinfección de superficies.
Los sistemas de salud recuerdan la importancia de no automedicarse y consultar precozmente ante la aparición de síntomas, especialmente en los grupos de mayor riesgo. El virus se transmite principalmente a través de gotitas respiratorias al toser o estornudar, y por contacto con superficies contaminadas.




