Ébola: qué pasa con el brote que alertó a la OMS y qué riesgo existe para Argentina

La OMS reportó más de 900 casos sospechosos en África central y advirtió dificultades para contener el brote por los conflictos armados en la región. Infectólogos argentinos aseguran que el riesgo local es bajo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) volvió a poner al ébola bajo vigilancia internacional tras confirmar un nuevo brote activo en África central, donde ya se registraron más de 900 casos sospechosos y al menos 101 contagios confirmados. La situación encendió la preocupación sanitaria global por la expansión del virus en zonas atravesadas por conflictos armados y desplazamientos masivos de población.

El foco principal del brote se encuentra en la República Democrática del Congo, especialmente en la provincia de Ituri, aunque también se detectaron casos en Uganda. Según informó la OMS, la circulación del virus ya afecta a once zonas sanitarias y las tareas de rastreo y aislamiento se ven complicadas por la violencia en la región.

El director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que las condiciones humanitarias dificultan el control epidemiológico y aumentan el riesgo de propagación. En paralelo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África informaron que el número total de muertes sospechosas entre Congo y Uganda ya supera las 200.

Pese al escenario internacional, especialistas argentinos descartaron un riesgo inmediato para el país. Desde el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires señalaron que el brote permanece localizado en África central y remarcaron que Argentina no tiene vuelos directos con las zonas afectadas.

La jefa de Infectología del hospital, Mónica Foccoli, pidió evitar el alarmismo y sostuvo que, por el momento, no existe una situación que genere preocupación sanitaria local. “No hay que entrar en pánico, la enfermedad por ahora está localizada en Uganda y el Congo”, afirmó.

Qué es el ébola y cómo se transmite
El ébola es una enfermedad viral grave que pertenece al grupo de las fiebres hemorrágicas virales y presenta una elevada tasa de mortalidad, que en algunos brotes superó el 50%. El virus se transmite por contacto directo con sangre, secreciones y otros fluidos corporales de personas o animales infectados. Los especialistas consideran que los murciélagos frugívoros actúan como principal reservorio natural.

Los síntomas pueden aparecer entre dos y 21 días después de la exposición. En las primeras etapas suele provocar fiebre, debilidad intensa, dolores musculares y dolor de cabeza. En los cuadros más severos puede derivar en hemorragias internas y fallas orgánicas.

Actualmente no existe un tratamiento específico contra la enfermedad. La atención médica se basa principalmente en el alivio de síntomas y el soporte clínico para mejorar las posibilidades de supervivencia.

Aunque existe una vacuna desarrollada contra algunas variantes del virus, los especialistas advirtieron que la cepa detectada en este brote, conocida como Bundibugyo, presenta diferencias que reducen la cobertura específica de las formulaciones disponibles.

Mientras la OMS y distintas organizaciones humanitarias continúan trabajando en las zonas afectadas, infectólogos insisten en la importancia de mantener la vigilancia epidemiológica y consultar rápidamente ante síntomas compatibles y antecedentes de viaje a regiones de riesgo.

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